La Conspiración de Valladolid de 1809

Como un movimiento iniciador del proceso de independencia

En el año de 1809, en la capital del Obispado de Michoacán, en el mes de septiembre se originó la denominada Conspiración de Valladolid, movimiento secreto que lidereaba el militar José Mariano Michelena y que tenía como objetivo organizar una Junta Nacional Gubernativa que gobernara a nombre de Fernando VII, quien entonces era rey de España y se encontraba secuestrado por el emperador francés Napoleón Bonaparte. España se encontraba en crisis y los vallisoletanos quisieron aprovechar esa coyuntura política que se abría, para lograr  su autonomía. Los conspiradores querían un gobierno  americano, aunque para eso fuese necesario derrocar las autoridades virreinales por medio de una lucha armada.

Los integrantes de la conspiración eran criollos pertenecientes a la oligarquía local, formaron parte de ella importantes miembros de la sociedad vallisoletana: José María García Obeso, Fray Vicente Santa María, Nicolás Michelena, el padre Manuel de la Torre Lloreda, los militares Manuel Muñiz y Ruperto Mier, Mariano Quevedo; también participó Soto Saldaña, y varios criollos más ; en ella jugó un papel muy importante el indio Pedro Rosales, a través del cual se establece una alianza con el grupo indígena.

Es importante señalar la participación de los grupos indígenas en la conspiración, ellos se convertirían en el sustento social de la misma en caso de un levantamiento armado. Si bien los conspiradores pretendían obtener autonomía política de manera pacífica y legal, no descartaban la posibilidad de una lucha armada. Los conspiradores atrajeron al grupo indígena bajo la promesa de retirar los tributos y las cajas de comunidad, lo cual les agradó puesto que su situación económica era deplorable y esos pagos hacían la vida más difícil aún.

Pero la conspiración de Valladolid duró poco, el 21 de diciembre de 1809 fue descubierta y sus integrantes sometidos a prisión, todos los planes y objetivos que en un inicio se plantearon sus integrantes se vinieron a menos, la erección de una Junta Gubernativa y las garantías sociales que les habían prometido a las clases bajas no se pudieron cumplir debido a la frustración de la misma. No obstante, la conspiración se extendió a varias ciudades del Obispado, tales como Pátzcuaro, Zitácuaro, Celaya, San Miguel, Querétaro y Guanajuato.

En la ciudad de Querétaro Michelena se relacionó con Allende y Aldama, y pronto creció el grupo conspirativo en el lugar, a él se unió el matrimonio Domínguez y el cura don Miguel Hidalgo, lidereando el movimiento el corregidor don Miguel Domínguez. Por eso cuando la conspiración de Valladolid fue descubierta, la que se organizó en Querétaro siguió trabajando; a ésta la podemos considerar como una ramificación de la de Valladolid, misma que unos meses después, desembocó en un movimiento insurgente que llevó al país a la obtención de su independencia y pudo proveer a las clases desposeídas de las garantías sociales que en un inició los criollos de Valladolid les habían prometido.

En este sentido podríamos decir que Mariano Michelena y la conspiración que encabezaba fueron los precursores del movimiento de independencia, movimiento que no cristalizó pero que sentó las bases para que el movimiento insurgente iniciara. Es muy posible que los conjurados, tanto los de Valladolid como los de Querétaro, hayan convenido en protegerse unos a otros en caso de ser descubiertos. “Aunque no aparecían en la parte que se formó de la causa, complicados con los que en Dolores dieron el grito de independencia, es lo cierto que los principales individuos de las dos juntas obraban de acuerdo.”[1]

Por discreción, los conspiradores “procurarían que cada junta apareciese aislada, para el caso de que alguna fuera descubierta, dejando así á las otras continuar sus trabajos, ó de que habiéndose interrumpido la secuela, se ocultaría la complicidad, á lo cual coadyuvaría no poco el que habiendo quedado en libertad los conspiradores, seguirían trabajando con más estudio y precaución.”[2]

Con los integrantes de la conspiración de Querétaro, el movimiento conspirativo iniciado en Valladolid dio un giro y la independencia del país se sintió muy próxima, pues al encabezar Hidalgo el movimiento armado que inició en septiembre de 1810, dejaría de lado la intención de erigirse en una Junta de Gobierno, por la vía legal y política, eligiendo así el difícil camino de las armas.

Por tal motivo, Hidalgo al ser descubierta la Conspiración de Querétaro, no encuentra otra opción más que la de iniciar  la guerra de independencia y se vuelven célebres sus famosas palabras “¡Caballeros, somos perdidos; aquí no hay más recurso que ir a coger gachupines!” Si bien es cierto que los criollos de Valladolid hicieron promesas que no pudieron cumplir a los indígenas, debido a que fueron descubiertos. Si recibieron esos beneficios por los héroes de la independencia.

El movimiento independentista siempre estuvo apoyado por michoacanos, pues además de los líderes insurgentes,  la  gente de las clases bajas, principalmente los indios que habían participado con los conspiradores de Valladolid un año antes, volvieron a participar con los hombres que lidereaban el movimiento independentista.

Es probable que los indígenas  no entraran ”al movimiento especialmente para luchar por la independencia, sino por causas más concretas y localistas, según se dice... ¡Muera el Mal Gobierno! significó alzarse contra algo muy concreto, contra el gobierno económico.”[3] Es decir contra los patrones, los hacendados, alcaldes e intendentes.

El líder insurgente Miguel Hidalgo en cuanto pudo, redactó decretos por medio de los cuales se garantizaba un mejor nivel de vida para las clases bajas. A la primera oportunidad, el Generalísimo de América atendió las demandas de la gente que engrosaba las tropas rebeldes, en la ciudad de Guadalajara realizó una buena labor legislativa, comenzando por la devolución de las tierras a los indígenas, para que estos se encargaran de su cultivo. Y como él mismo lo escribió diciendo: “desde el feliz momento en que la valerosa nación americana tomó las armas para sacudir el pesado yugo que por espacio de tres siglos la tenía oprimida, uno de sus principales objetos fue exterminar tantas gabelas con que no podía adelantar su fortuna...“[4]

En el  documento que  el Generalísimo Hidalgo publicó, con fecha de  6 de diciembre, hace las declaraciones siguientes: Los dueños de esclavos deberán liberarlos en un plazo de 10 días o pena de muerte al que no lo haga; que se retiren los tributos a castas e indios; “Que en todos los negocios judiciales, documentos, escrituras y actuaciones, se haga uso del papel común quedando abolido el  de el sellado;”[5] la producción de la pólvora queda liberada sin más condición que dar al gobierno preferencia entre los demás clientes.

Como  podemos observar,  en los primeros meses de  iniciada la independencia, los líderes insurgentes comenzaron a cubrir las necesidades de las clases sociales más desatendidas por las autoridades novohispanas. Por otro lado, no debemos olvidar que las clases acomodadas, también se beneficiaron con el resultado de todo el proceso independentista. Si recordamos que cuando se pactó la independencia entre los generales Iturbide y Guerrero, quien quedó al mando de la nueva nación fue Iturbide, él representaba los intereses de la élite de españoles y criollos.

Al igual que Hidalgo, Morelos también suprimió la esclavitud, así como las castas y las cajas de comunidad. De igual manera prohibió el pago de tributos que afectaban principalmente a las clases bajas. Con estos decretos Morelos logró reafirmar en Valladolid lo estipulado por Hidalgo. Su nuevo régimen decía que “...a excepción de los europeos, todos los demás habitantes no se nombrarán en calidad de indios, mulatos, ni otras castas, sino todos generalmente americanos, nadie pagará tributo, ni habrá esclavos en lo sucesivo y todos los que los tengan serán castigados; No hay cajas de comunidad y los indios recibirán los reales de sus tierras como suyas propias.”[6] Muerto Hidalgo, Morelos quedó al frente del movimiento insurgente y desde un principio difundió la idea de independencia, es decir, de un rompimiento total con la corona, mismo que se dio una década más tarde.

En estas fechas en que se acerca el aniversario del inicio de la independencia, conviene  voltear la mirada hacia esos hombres que fueron los iniciadores reales del movimiento de independencia, y reflexionar un poco sobre su obra, misma que no ha sido lo suficientemente reconocida, pues su mérito ha sido apocado por los grandes héroes del movimiento insurgente, Hidalgo, Morelos. Por eso como dijera Victor Hugo: “El mundo es injusto con esos grandes ensayadores del porvenir cuando no triunfan.”

Morelos en cambio, no pregonaba fidelidad al monarca español, sino que proponía el rompimiento con la Corona, esta idea tomó forma en el Congreso de Chilpancingo, celebrado en el año de 1813. En los primeros renglones Morelos enfatizó su fe siega en la libertad y en la soberanía del pueblo y justificó la independencia, reconociendo la justicia de la lucha por la liberación respecto de España.

A partir de ese momento “los atributos esenciales de la soberanía le pertenecían a la nación mexicana: Dictar las leyes constitucionales, hacer la guerra y la paz y mantener relaciones diplomáticas.”[7]

Morelos culmina el proceso legislativo de la independencia, hasta el 22 de octubre de 1814, cuando es presentada la Constitución de Apatzingán, documento que fue considerado como su obra magna, “nada se restó por sus autores para alcanzar la felicidad, la independencia, la soberanía y hasta donde fuera posible la democracia, eran los objetivos básicos de la constitución.”[8]         

                 

 Jaime Álvarez Cabrera

Comentarios al autor
jaimalca@yahoo.com.mx

 

[1]Zamacois, Niceto de, Historia de México desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, Parres y Compañía Editores, T.6, México-Barcelona, 1878, p 108-109

[2] Ibid p 110

[3] Terán, Martha, ¡Muera el mal Gobierno! Las reformas borbónicas en los pueblos michoacanos y el levantamiento indígena de 1810, México, El Colegio de México,     1995, p 346

[4]  Matute Alvaro, Antología: México en el siglo XIX. (Colección de Lecturas Universitarias, No.12), México, UNAM, 1984, p 78

[5] Ibidem

[6] Lemoine Villicaña, Ernesto, Morelos y la Revolución de 1810, México, Gobierno de Michoacán,1984 p 265

[7] Ibídem

[8] Ibid p 292



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